26.2.11

La polla


Esto de aquí te lo puedes encontrar en la entrada del metro, por la calle o en cualquier parte. Y no hay nadie riéndose, ni niños con risa histérica, ni chicas señalando tímidamente alrededor...

25.2.11

Volcanes, lagos y yo


Ésta foto es para el que no sigue mi flickr. Los demás ya habíais visto donde he estado estos últimos días.

Por problemas de preferencia de visionado no había podido enseñaros ésta foto antes. Espero que no haga rabiar como el post anterior; esa no es mi cara de felicidad, sólo una simulada.

23.2.11

Vacaciones sin fin

He tenido vacaciones cortas, muy cortas y cortísimas. Casi todas han sido así. También he tenido vacaciones inexistentes. Y varias veces, para mi desgracia. He tenido algunas vacaciones cortas que se han hecho largas. He tenido vacaciones largas que se han hecho cortas. Las mejores habían sido las largas que se habían hecho larguísimas, obvio. Ésas que con muchos días libres conseguí hacer muchas cosas interesantes que demostraron la relatividad del tiempo en su mejor ecuación.

Pero las mejores vacaciones de mi vida son éstas. A las que no se les ve el fin. Las que durarán varios meses. Las que no tienen la tensa espera del final inevitable. Las que no tienen una guillotina amenazante.

Para más inri son las segundas del año que disfruto (laboral del hemisferio norte).

Todo lo he disfrutado mucho más y creo que es porque no he estado pensando en que tenía que disfrutarlo al máximo porque fuera a terminarse. Sólo lo he disfrutado porque ha sido inevitable, no por saberlas finitas. No hay prisa, he tenido tiempo de degustar cada día con calma, sin medio miedo.

Supongo que 'más dura será la caída'. Pero de momento llevo un mes entero y sigo respirando aliviado. Sigo sin ver el final del túnel. Sigo caminando por el alegre túnel sabiendo que no he llegado ni a la mitad. Y eso me gusta.

Y aún quedan quince días para Costa Rica. Y no quiero que llegue aún. Y quiero que llegue ya.

21.2.11

De esquiadores y Murphy

Ayer esquié acuáticamente. Me levanté fácil, aguanté el suficiente tiempo como para decir que 'sin problemas', salí de la estela de la lancha y (casi) volví a entrar en ella. Evidentemente me caí 4 o 5 veces, pero todas después de unos buenos segundos de esquí bravo. Ya me puedo autoproclamar esquiador con experiencia.

Por supuesto, antes, al salir de casa e ir hacia la lancha, Murphy me susurró al oído que no llevara la cámara. Y como buen humano, le hice caso.

19.2.11

Llegar no es fácil, pero lo difícil es mantenerse

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No os riáis. Me gustaría veros a vosotros :D

12.2.11

Vistas desde mi casa

¿Estamos todos pensando lo mismo? Qué dura es mi vida ahora mismo...

Auge y caída del imperio marino

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11.2.11

Acabo de vivir mi primer temblor. Es como estar mareado pero con todos alrededor asustados.

De patriotismo y la estupidez humana

Hoy ha habido una GRAN cena familiar. 26 personas entre tíos y primos, primos políticos, hijos de primos, padres de primos políticos, tíos de primos, primos de primos y novias de primos de primos. Yo lo tenía fácil: Hola, soy el sobrino/primo español.

Después han empezado los insultos. El problema: había 'paella' para cenar. De paella tenía solamente los ingredientes, que aunque muy buenos, insuficientes para ponerles tan alto linaje. Digamos que los ingredientes eran más o menos los correctos, la mezcla no tanto. Tengo que decir que aunque no era Paella, sí era un arroz bueno. Pero no era Paella.

Bien, como español que soy, supuesto experto entre tanta inopia, un primo me ha preguntado un tanto extrañado si la paella debía llevar aceitunas. Ante mi respuesta, obvia, llegaron por parte de tíos y tíos segundos, viajados ellos, los primeros improperios entre los cuales cupo el 'no tienes ni idea', 'la paella puede llevar lo que tú quieras ponerle', el fantástico 'los catalanes no tenéis ni idea de paella, porque esto es arroz a la valenciana' y el imborrable 'a mí me han dicho que hago la paella mejor que en Madrid'. Genial y perfecto iniciador de conversaciones. Siguieron: Que si al Hot dog (típico por aquí) puedes ponerle lo que quieras, a la paella también. Que si he probado la paella con conejo o con cabrito. Que a ver si no estaba bueno el arroz con cualquier cosa, incluso con frankfurt. Se me ocurrió apuntar que si bien la paella tenía su origen en Valencia, 'la mejor paella' podía comerse, también, en Catalunya. Insultos de nacionalista-separatista al canto.

No era paella ni en sabor ni en color ni en textura, nada de lo cual, prometido, saqué a colación porque mi discusión no era con el cocinero.

No sé bien cómo, la discusión derivó a un gran tema de la gastronomía chilena: el vino. Juran y perjuran que, internacionalmente, el vino chileno está valorado mejor que el español y hasta que el francés o el italiano. Juro por dios que creen que todo su vino es espectacular, mejor que cualquiera, y todos parecen estar de acuerdo. En estos días he tenido oportunidad de probar vinos chilenos cuyos precios en España difícilmente querría permitirme, y mi bastante humilde veredicto es que si bien son buenos, tienen otra concepción del vino tinto. No he notado la más mínima astringencia, aún habiéndola pedido explícitamente; ni he notado nada que no sean frutas; ni he encontrado el cuerpo del que presumen; ni los supuestos taninos; ni he saboreado ningún vino que no sea prominentemente dulce. No diré que son vinos para postre, porque sí hay mucho vino muy bueno, pero nada parecido a los Rioja, mis preferidos. Casi todo el buen vino de aquí es el 'típico para mujeres' según el experto en vinos de una conocida tienda pija de Santiago, es decir, Merlots y Carmeneres.

Imposible que entiendan que un buen enólogo puede y debe sacarle mejor sabor a una mezcla de cepas de uva de lo que puede con un vino monovarietal. No entienden que a alguien pueda gustarle mínimamente el vino y no sepa de variedades, '¿Cómo que no sabes qué variedades de uva llevan los Rioja? Los vinos de más de una cepa, los menos, en Chile se llaman 'assemblage', y aquí son vistos como algo curioso, raro y casi de mala calidad.

Sabéis que no me importa discutir y que incluso, a veces, hasta me gusta, pero juro que todo lo que dije fue 'en defensa propia' y del sentido común. Ni medio ataque a nadie.

Al final de todo incluso recurrieron al futbol para seguir insultando (WTF!!!) y acordarse de noséqué 5-0 que España perdió con Alemania vetetúasabercuando. Prometo que ni nombré el Mundial ni la Eurocopa, pobres. Y todo eso con mis aclaraciones de que la Premier es mucho mejor liga que la liga española, que los vinos chilenos son bastante buenos y que me encanta el pan de aquí. No importaba, ya era el español que era más español que el Rey y el catalán nacionalista que creía que Catalunya era mejor que el resto de España y que todo lo que se produce en Catalunya es mejor que en el resto del país. De verdad piensan que esas dos cosas no son incompatibles. Cree el ladrón, que todo el mundo es patriota-nacionalista extremista.

Ligeramente vergonzante; bastante perturbador; altamente conveniente para la práctica de la paciencia y la compasión y todo eso sin perder de vista que te puedes reír de ellos haciendo ver que te ríes con ellos.

Mi moraleja de la noche es que los chilenos tienen demasiado desarrollado su sentido del patriotismo, hasta niveles vergonzosos, exagerados y hasta diría que peligrosos. Cosa que ya sabía, pero siempre incomoda que te lo recuerden.

Perdón por la parrafada, pero vengo calentito como el vino que se sirve aquí, nunca por debajo de los 20 grados y siempre a temperatura ambiente aunque hagan 36 grados a la sombra.


ACTUALIZACIÓN TARDÍA: Debido a ciertas pieles finitas, me veo en la obligación de apuntar que nada de este blog debe ser tomado demasiado en serio, que no aseguro que cualquier post, ni el post completo, pueda ser verdad y que desde luego me gusta exagerar y hasta mentir por escrito. Me gusta la idea de no dejar que la verdad estropee una buena historia. Así sea.

6.2.11

Aventuras sin desventuras de un viaje que despertó algunos sentidos

Pues resulta que a mis tíos se les ocurrió invitarme a pasar unos días con ellos a un pueblo sureño de Chile. La playa chilena parece que no es tan interesante como las mediterráneas porque las olas llegan con algo de fuerza; el pacífico sólo tiene de pacífico el nombre, así que la gente chic, cool, pija y rica van a pasar el verano, cuando toca turismo interno, a zonas de lagos.

Bien, el viaje en coche, con prima y su novio, fue de casi 9 horas superadas con mucha calma gracias a varias paradas a estirar piernas con cafés incluídos y alguna que otra sorpresa en forma de nombre de pueblo: 'Peor es nada' (aquí otra prueba). Genial.


Y una comida E S P E C T A C U L A R en un 'restaurante' como otro cualquiera (y hay cada 300 metros) donde parece que sólo van camioneros y turistas despistados. Justo lo que queríamos, porque es donde puede comerse bien la típica comida chilena hecha en casa. Me decidí por unos 'porotos granaos', que son judías blancas en sopa con maíz, calabaza y albahaca. Después puedes echarle pimientos picantes, cebolla, tomate, ... Normalmente es muy buena, pero esta vez era inmejorabable. Eso vino acompañado de 'pan amasao', que es simplemente pan amasado a mano y hecho en casa, y una 'ensalá chilena' que lleva tomate, cebolla, perejil y aceite. El tomate sabroso como nunca pude comerlo en una ciudad. Y de postre melón con otro sabor sobresaliente. Todo estaba buenísimo y además era mucha cantidad, como para tener que decidir de qué querías comer más. Y todo eso costó 4,5 euros incluyendo la propina.

Después intentamos seguir el viaje como pudimos pero fue difícil, porque el atontamiento por la cantidad de comida y la variedad de sentidos despertados nos dejó un poco lelos y demasiado satisfechos como para querer meternos en un coche otras 5 horas más.

Aún así, afuera, esperaban quilómetros y quilómetros de vistas cambiantes. Avetos y pinos y eucaliptus y muchas, muchas viñas, algunas de las principales del país, con 'Ruta del Vino' incluída, nos acompañaron durante todo el paisaje. Una pena que nunca supe homenajearlos con fotografías dignas.


Después, la llegada al lago Villarica y al pueblo de mismo nombre, con casas espectaculares de madera justo antes de entrar (una de las industrias principales de la zona es la madera) y todavía más paisajes abrumadores.

El resumen es que el viaje, a pesar de lo pesado por lo largo, se hizo corto y no veo el momento de hacerlo de vuelta por exactamente el mismo sitio.

Un buen inicio de aventura.