24.5.11

Singapur (ailofiu)

El viaje a Singapur ha roto completamente mis expectativas. Lo que esperaba de Kuala Lumpur, que era demasiado, lo sobrepasó por mucho Singapur.

Singapur me quitó cualquier intento futuro de querer conocer mejor Kuala Lumpur.

Singapur es primerísimo mundo; lujo desmedido incluso, aunque sin llegar a asfixiar. Limpieza extrema. Edificios increíbles e interminables. La arquitectura es del mejor nivel, con una concentración de 'edificios de foto' que no he visto nunca. Plazas asombrosas. Hoteles gigantes con centros comerciales dentro. Centros comerciales cada demasiado poco. Calles de varias manzanas de tiendas de lujo consecutivas. Casas tipo 'embajada' muy cerca del centro de la ciudad. Poquísimo tráfico todo el día, las horas pico son de risa. Un montón de coches de lujo circulando por doquier. Chinatown es muy bonita y Little India no se queda atrás. La bahía/río es increíble de día y muchísimo más de noche.

Viajar a Singapur es un poco caro si gustas de tomar cosas 'con buenas vistas'; pero también es muy accesible si no. No es que me guste el lujo más que lo lógico, pero hay viajes para todo y si en algún momento hay ganas de viaje tranquilo con presupuesto laxo, viajar a Singapur es una de las mejores opciones.

Me encantaría vivir algún día en Singapur, la verdad. Otro país y ciudad más a la lista. Imagino que los sueldos por aquí son estratosféricos. Creo que esto es exactamente lo que Kuala Lumpur intenta ser, su espejo.

Es tan limpia y lujosa que parece un decorado de cine. Si viera una película rodada aquí, pensaría que es una hollywodiense tonta demasiado arreglada.

Según dicen en el Bus Turístico, Singapur es el primer exportador de coches de segunda mano a Japón porque este es uno de los países (o ciudades) más caros para mantener un coche: hay unos impuestos muy altos por contaminación, y como coches más nuevos ensucian menos, los coches viejos son demasiado caros.

Pero a cambio potencian bastante el transporte público. No así las bicicletas, que se ven muy pocas a pesar de que toda la ciudad es bastante plana.

Muchos chinos. Pero el único problema de estos es que por alguna razón que no explican, odian las fotos. ¡Los chinos! ¡El mayor fabricador de cámaras del mundo odia que le hagan fotos! Tuve varias malas caras por ello. No entendimos...

Pudimos entrar a un templo Hindú sin ningún problema en horas que se suponía cerrado al 'público', entre sonrisas y rezos, en pantalón corto y mangas sudadas. Y hacer todas las fotos que quisimos. Y aún menos problemas y ropa para entrar a uno Budista, aunque éste parecía más un museo, demasiado arreglado. Pero figuras y luces increíbles: más fotos. (¡Pssst! ¡Otra pista! *)

Nos quedamos muy cortos en la previsión del viaje a Singapur. Yo le habría puesto tranquilamente dos días más (el doble).

Y se los pondré.

* Para entender esto hace falta leer el post anterior.

Kuala Lumpur

Me gustó el viaje a Kuala Lumpur, aunque creo que me costaría un poco aceptar el vivir allí. Pero aceptaría. Seguramente por el sueldo estratosférico que podrían ofrecerme. Pero la ciudad no es tan moderna como me esperaba, ni tan interesante: las Petronas me decepcionaron un poco y no hay tantos 'edificios modernos' fuera de la pequeña zona de oficinas. Y la gente no es tan amable; fue increíble ver como las sonrisas balinesas desaparecieron al bajar del avión (luego doy pistas del porqué).

De todas maneras, la ciudad me gustó (aunque no me entusiasmó tanto como esperaba).

La ciudad no tiene tantas 'atracciones turísticas' como para merecer dedicarle más de 3 días de viaje, creo. Nosotros con dos ya hicimos casi todo lo imprescindible. No subimos a las Petronas por caro y porque subimos a 'la otra torre', la de comunicaciones de la ciudad, para así poder ver las Petronas de noche, que están cerca. Valió la pena porque no era tan caro y porque parece que a las Petronas no es tan fácil subir pues hay que hacer una muy buena cola muy pronto por la mañana y dejan subir a muy poca gente, parece que enseguida se acaban las entradas diarias. Además, el mirador de esta torre está bastante por encima.

La ciudad en sí no está mal, tiene mucha mezcla de culturas, aunque predomina la islámica bastante claramente. Es el país con más musulmanes del mundo (¡PSSST! ¡Pista!). Nos dejaron entrar en una mezquita (o a la mitad de ella), eso sí, vestidos como idiotas y descalzos, en horas de no rezos. Para el que sabe, eso son 4 horas al día, máximo. Y puedo confirmar que los musulmanes también tienen mala leche al otro lado del mundo, sobre todo cuando se habla de religión o te acercas a una mezquita. Tuvimos algún acercamiento semi-amigable, pero por lo menos un par no tan agradables y uno hasta tenso en las únicas dos mezquitas a las que decidimos asomar las piernas destapadas.

Vimos el parque de pájaros más grande del mundo y no era para tanto. Todo el mundo prometió que los parques principales (están juntos) de la ciudad eran increíbles pero estaban un poco descuidados y sobre todo muy desérticos incluso en fin de semana. Nos prometieron centros comerciales enteros dedicados exclusivamente a la electrónica en los que podías encontrar cosas baratísimas y era tan poco barato que entre tres lo único que nos compramos fue un objetivo (mi nuevo amor) para mi cámara. Me hice amigo del vendedor y me prometió que si me hacían buen precio en cualquier cosa es que me estaban vendiendo algo de segunda mano. Por supuesto el mío no tenía tan buen precio, pero gracias al cambio del euro sí me salía mejor.

Nos alojamos en Chinatown y me hubiera gustado recorrerlo más; fue muy interesante. Nos faltó ver Little India no sólo desde el bus turístico. Nos faltó el museo Islámico más grande del mundo. Y nos faltaron algunas plazas más o menos principales cuyos nombres no consigo recordar.

También vimos las Batu Caves. Unas cuevas enormes en altura a las que accedes después de 10.000 peldaños y de admirar una estatua enooorme de alguna deidad hindú. Dentro hay un templo al que no pudimos entrar. Pero vimos pájaros, murciélagos, monos ladrones y algunos turistas.

Estuvimos en la típica calle de fiesta nocturna. Totalmente 'occidental' y bastante cara, donde encontramos 3 bares/restaurantes españoles. Por lo menos uno de ellos recuerdo que salió en 'Españoles por el mundo', el de un leridano emigrado hace unos 10 años. Muy simpático por cierto. Y aunque era catalán, nos invitó a unos chupitos.

Pero el plato fuerte de la noche fue cuando el nuevo amigo español, el dueño del bar, me introdujo a algunos paisanos para animar la conversación y en una de estas... ¡me presentó a mi propio primo segundo! ¡Por casualidad me encontré a un primo de primos de viaje por trabajo en Kuala Lumpur! Increíble. Desde luego, el mundo es un turbante. Aleix me contó un montón de cosas interesantes sobre los malayos, entre ellas que es muy difícil hacerse amigo de ellos y que por eso acudía a ese bar español, para poder ser tratado como a uno más y no como a un jefe al que hay que temer, sobrerespetar y mantener alejado. Me contó eso y que estaba ganando una pasta gansa, pero que su mujer le hacía volver a su país en breve. Calzones.

Moralejas: viajar a Kuala Lumpur mola, pero no si esperas demasiado. Kuala Lumpur sorprende por lo poco oriental que parece, a pesar de su orientalidad geográfica y su extrema religión. Kuala Lumpur, por lo menos, mola los tres primeros días; después no lo tengo claro. Todas las escaleras de la ciudad tienen los peldaños para pies del 28. Nunca te cases.

19.5.11

18.5.11

16.5.11

Descanso en las Gili Islands

Las Gili Islands son unas islas pequeñas al noreste de Bali que todo el mundo promete paradisiacas. Y lo son, cumplen completamente.

Están como a 4 horas de Kuta, entre coches y ferrys. Forman parte de la misma provincia que Lombok, la isla grande que tienen más cerca, y por tanto de otra diferente que Bali. Se llaman Gili Trawangan, Gili Meno y Gili Air, nombradas de mayor a menor.

Gili significa 'Isla pequeña' en Sasak, el idioma propio de los indígenas de Lombok, que se parece al Balinés pero no lo es. El hecho de que se llamen pues 'Gili Islands' es un epíteto debido a occidentalismos idiotas, supongo. Y eso parece que provoca alguna confusión, pues varias de las islas alrededor de Lombok tienen 'Gili' en el nombre. De todas maneras, cuando preguntas aquí en Bali por un viajecito a las 'Gili Islands' todo vendedor sabe a dónde quieres ir y también lo que vas a buscar.

Y si no vas a buscar mucho sol y humedad, descanso, snorkeling, submarinismo y marihuana, te estás equivocando de paraíso. Porque en las Gili Islands no hay mucho más que hacer. Hay tanta calma que no se puede ni hacer surf. Hay tanta calma que si te sales de la calle principal, te crees perdido en una isla aún más recóndita del siglo XIX. Hay tanta calma que se puede fumar marihuana bastante fácil; los locales prometen que la policía no hace nada al respecto, a pesar de lo duros que se ponen en Bali.

Pero ésto es el paraíso, uno de los de verdad, así que ¿porqué la policía iba a decir nada con drogas amoralmente ilegales?

Hicimos snorkel (buceo para los que hablen mi idioma) y fue increíble (por lo menos para mí que nunca antes había hecho), mucho más de lo que muestran las fotos decepcionantes. Caminamos muchísimo bajo el sol. Comimos muchísimo y bien. No tan barato como a lo que Kuta nos tenía acostumbrados, pero barato igual. E intentamos salir de fiesta, pero parece que en el paraíso eso no está del todo contemplado. Hay 3 fiestas a la semana en 3 sitios diferentes y mi conclusión es que si la fiesta no te la montas tú, mejor descansa para el trasiego de playas de mañana.

Vimos mucha pobreza bien llevada. De esa que parece que no importa, de la que permite sonreír a todas horas igualmente. De la que puede dar envidia.

Y aunque nos fuimos antes, sólo fue en previsión del aburrimiento, no porque éste hubiera aparecido ya. Por eso y porque mis compis querían hacer un curso de buceo que parece que es más barato en Bali. Pero a mí se me hizo un poco corto.

Las Gili Islands son muy perfectas para ir en pareja. A descansar. A no hacer nada. A desconectar de internet (carísimo y lentísimo). A pasear por playas increíbles. A tostarse al sol. A escuchar reggae. A comer pescado. A ver coral y peces imposibles. Y a dejarse contagiar del buen rollo de la isla, por supuesto.

Como con Bali, me cuesta pensar que nunca más volveré a las Gili Islands.

15.5.11

Gili

Éstas fotos que podéis ver aquí las he sacado del fondo del mar de las Gili Islands, unas islitas paradisíacas cerca de Bali.




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10.5.11

Turista

Papá, mamá: yo de mayor quiero ser turista.
Hablar en idiomas incómodos y dormir en camas incomprensibles.
Quiero volar hacia Visas caras y hacia las que sólo tienes que comprar.
Me gusta comer la comida típica lugareña cada día y alguna vez las conocidísimas albóndigas suecas en Bali. Seguir sin atreverme con la sangría.
Me gusta saber que no tendré que esquivar ninguna cara conocida por la calle. Aún así, sonreiré sin parar a los locales y a las suecas.
Llegar a playas paradisíacas y descubrir nuevas tendencias en bikinis.
Encontrar nuevas olas y seguir huyendo del surf.
También saber que tantos me envidiáis, sobre todo el martingarri del pasado y, desgraciadamente, el Martín del futuro.
No pensar en trabajar. No pensar en dejar de viajar.
Conocer gente. Hacer 'íntimos' a algunos.
No echar nada de menos. No echar nada de más.
Espantar mosquitos nuevos e infinitos. Acostumbrarse a convivir con hormigas en la cama, en el zumo, paseando por el teclado...
Descubrir las cervezas locales y seguir disfrutando de los jugos naturales.
Ir en moto con dos más de paquete, adelantando a coches lentunos por calles semi-peatonales.
Hacer aún más fotos malas y seguir teniendo ganas de escribir tonterías.
Soñar con el país pisado y desear el siguiente aterrizaje.
No saber siempre dónde despierto; desear no olvidar dónde está mi hotel.
Dejar que sólo la lluvia me rompa el día, porque mañana siempre hará sol.
Tener el síndrome de Peter Pan por siempre jamás y seguir sin respuesta tradicional a como será mi vida laboral.
Papá, mamá: yo de mayor quiero ser justo como soy ahora.

4.5.11

Bali bis

Y después de dos semanas, Bali sigue siendo increíble.

La gente es demasiado buena; siempre atenta, siempre amable. Incluso en las zonas de máximo turismo se les ve felices y te ayudan en lo que pueden a la mínima que creen que necesitas ayuda. Casi siempre tienen una sonrisa para regalarte.

Son poco leídos, eso sí. Hemos encontrado varios a los que parece que les cuesta leer su propio idioma incluso. Pero son felices. Creo que realmente se conforman con poco y que tienen casi todo lo que necesitan, aunque eso no quita, por supuesto, que intenten negociarte MUY al alza todo. Negociar es algo fijo e inamovible e intentar sacarle lo que puedan al turista, dentro de un orden, es algo estricto.

Un día salimos a comprar un par de camisetas, simplemente por la comodidad de no tener que lavar tan a menudo y por creerlas baratas, no por necesitarlas. No eran tan baratas como pensábamos, pero las negociaciones no podían ser más fructíferas, y aunque al final no compramos nada porque están acostumbrados a australianos y americanos (mucho más dinero), sí conseguimos rebajar hasta un 33% los precios iniciales. Lo que sí compré fue unas gafas 'Ray Ban' por 3,5 dólares, cuando el precio inicial eran 35. ¡Un 10% del precio inicial! Todo esto entre risas, por supuesto.

Pero como decía, los locales de las partes más turísticas están acostumbrados a que les paguen precios, que aunque baratos, australianos. Los australianos son extraricos por aquí, si en su casa pagan normalmente 7 o 9 dólares por un jugo y aquí pagan 1, imaginaos lo que pasa con la cerveza. Y están, a máximo, 6 horas en avión y es de lo que tienen más cerca, así que las visitas son masivas. Creo que pueden trabajar un mes en su casa y vivir por aquí 4 meses en la gran fiesta.

De todas maneras, los locales, normalmente se dan cuenta de que nosotros no somos tan ricos como querrían y acaban tratándonos como a turistas de segunda. Esto es: precios más bajos. Tengo que decir que vengo de Chile para que no me ubiquen con el euro, y como no saben por donde queda exactamente, acaban creyéndose que somos más bien pobres, o por lo menos más pobres que los 'derrochadores' australianos.

Uno de estos días hemos cenado en un sitio semipijo de Ubud. Música en vivo y precios que doblaban algunos restaurantes a los que vamos asiduamente. Nos ha costado la cena 20 dólares americanos. Los 3.

Ubud no está en la costa. Es la ciudad de artistas y artesanos locales. Hay mucha piedra tallada, cemento volcánico en forma de columnatas, esculturas muy variadas y madera para todo tipo de objetos. Es turístico pero no es la locura de las playas. Hemos podido ver 'Rice terraces': las plantaciones de arroz típicas de Bali, muy bonitas. Hemos hecho trekking por un volcán de noche para ver amanecer desde arriba, además de poder ver casi todo el perímetro de la isla. Hemos visto muchos monos, algunos demasiado acostumbrados a robarle a los turistas. Hemos tomado una taza de café de 5 dólares en el mismo sitio que nos han regalado hasta 10 tazas de otras cosas antes de saber sí íbamos a comprar algo. Hemos visto el templo más grande y antiguo de Bali. Hemos negociado por más de 5 minutos cada una de estas actividades y sólo nos hemos desesperado una vez, en el templo grande, porque nos pedían 50$ por la 'donación'/entrada en una taquilla falsa, cuando al final resulta que la entrada costaba sólo dólar y medio y se compraba en otra parte.

En Bali encuentras todo eso, además de mucho balinés con chaqueta negra de cuero y casco integral a las 12 del mediodía subido en una moto bajo el sol abrasador. Y a veces hasta con calcetines. Hay muchas motos y más desorden. En Bali encuentras masajes en cada esquina y chicas locales pidiéndote hacerse una foto contigo en cualquier playa. En Bali se escucha muchísimo a Oasis. En Bali hay mosquitos que saben coserte y arañas de un palmo. En Bali hay muy buen rollo, mucha alegría y contagiosa felicidad. En Bali, si llevas falda es que estás en un templo. O que ya estás acabando la hora de las bebidas gratis en alguna de las discotecas enormes y te has pasado un poco.

Bali sigue siendo increíble.